Vayamos con el siguiente alimento prohibido: el azúcar. ¿Por qué se
considera malo y no te ayuda a adelgazar? Muchos dicen:

–Es la muerte blanca. Produce diabetes, hiperactividad, depresión, hipoglucemia, estrés, infecciones fúngicas, merma de nutrientes y caries.

¡ATIZA! Entonces ¿por qué tenemos papilas gustativas para el azúcar? ¿Por qué les encanta el azúcar a los niños? El 99 % de los males atribuidos al azúcar son infundados.

Hasta se ha demostrado que no existe conexión entre el azúcar y la hiperactividad y no hace mucho se ha descubierto que el azúcar calma a los niños hiperactivos y tranquiliza a un bebé que llora.
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El único problema cierto con el azúcar es que provoca caries; así pues cepíllese los dientes después de comerlo.

Pese a las investigaciones que defienden el comer azúcar con moderación, los mitos aún prevalecen. El azúcar siempre ha estado presente. En los viejos tiempos, cuanto más maduras eran las bayas, mejor. Hoy en día, cuanto más dulce es el postre, mejor.

Desde luego, demasiado azúcar, como el exceso de cualquier cosa, te producirá un aumento de peso y te acarreará otros problemas. Pero lo deseas vivamente y satisfaces ese deseo con una pequeña cantidad, te calmará, relajará y estabilizará.

Al azúcar se le ha puesto la etiqueta de malo desde hace cosa de unos treinta años, pero ahora es la grasa la que empieza a llevarse la palma.

El mensaje es fuerte y claro: la grasa es causa de enfermedades cardiovasculares, es cancerígena y es peligrosa para la salud y te dificultad tu programa de perdida de peso.

Recórtala, redúzcala, sustitúyala... elimínala de la dieta. Así pues lo intentamos, pero al parecer somos incapaces de seguir una dieta muy baja en grasas prolongadamente.

No perdemos mucho peso; no nos encontramos tan bien; y tenemos antojo de alimentos grasos a pesar de nuestros esfuerzos. ¿Por qué?

• Porque necesitamos grasas para nuestro mecanismo de supervivencia.
• Porque necesitamos grasas para prepararnos para la gestación y la lactancia.
• Porque necesitamos grasas para tener satisfechas a nuestras células grasas.
• Porque necesitamos grasas para tener contentas a nuestras neuronas.

La tendencia actual a reducir las grasas hasta el 10 % o menos de las calorías diarias puede dar resultado en el caso de los hombres, pero no para la mayoría de las mujeres.

Por experiencia sé que las mujeres duran como mucho alrededor de un mes con una dieta con un 10 % de grasas; después, en protesta, pasan a una dieta con un 50 % de grasas.

Una dieta de ingesta restringida de grasas crea una pequeña hambruna propia. No ingerimos lo que necesitamos para subsistir y por tanto nuestros cuerpos se rebelan reduciendo las sustancias químicas del cerebro, reduciendo metabolismo y estimulando los antojos de grasa.

El exceso de grasa no es bueno para nadie, pero en la dieta las mujeres necesitan un poco más de grasa que los hombres, para tener contentas a las células grasas con grasa almacenada y tener satisfechas a las neuronas con endorfinas.

Ya hemos hablado del chocolate, el azúcar y la grasa, pero pienso que puede ser necesario acabar con la creencia de que la fécula también es un alimento «prohibido». Aunque muchas personas han llegado a darse cuenta de que las féculas son opciones alimenticias sanas, muchas otras aún piensan que el pan, los cereales, la pasta y el arroz engordan.

Desde que se creara la primera dieta adelgazante, se ha considerado que las féculas son un enemigo en lugar de un aliado. Hace unos cincuenta años, alguien (no mencionaré nombres) decidió que el pan, la pasta, el arroz y las patatas engordaban.

Aunque desde entonces hasta ahora se ha demostrado que las féculas favorecen la pérdida de peso, la mala fama es difícil de cambiar y los mitos siguen aflorando periódicamente.

No crea ninguno de esos mitos sobre el pan o cualquier otro alimento rico en fécula. Las féculas no producen aumento de peso a menos que se coman en exceso (cualquier alimento tomado en exceso engorda).

La pasta no se coloca directamente en las caderas. El pan no se adhiere al estómago, sino que todos estos alimentos ricos en féculas abastecen el cuerpo, estabilizan el azúcar en sangre y favorecen el buen humor.

La fécula no es una enemiga sino una fiel aliada, porque es para el cerebro una compañera de por vida.

Así pues, el chocolate, el azúcar, la grasa y la fécula no son en absoluto alimentos prohibidos: son alimentos placenteros para el cuerpo. Nunca se me ocurrirá decirle que se coma medio kilo de chocolate o un cuarto de litro de helado.

Sin embargo, no dudaré en recomendarte que hagas caso de tu cuerpo y des respuesta a tus necesidades para poder llevar tu dieta para adelgazar más saludablemente.

Si lo que su cuerpo necesita biológicamente es chocolate o patatas fritas, con una pequeña cantidad bastará.

No se quedarán almacenados en las células grasas, no obstruirán las arterias, no aumentarán el riesgo de contraer cáncer. En lugar de ello, el cuerpo utilizará esos alimentos para cubrir todas sus necesidades biológicas.

No hay que abstenerse de los alimentos que nos son placenteros; intentarlo suele ser contraproducente.

La abstinencia intensifica el antojo
Quizás hayas probado unas cuantas técnicas de abstinencia, pero… ¿alguna te ha dado resultado? No, y muy probablemente han surtido justo el efecto contrario.

He aquí lo que ocurre cuando intentas hacer caso omiso de un antojo biológico:
Tu cerebro envía primero un sutil mensaje: «Por favor, dame un poco de chocolate».

Tus dices: «De ningún modo, estoy a dieta para perder peso. En lugar de chocolate, tomas una manzana».

Tu cerebro dice: «Lo siento, no necesito una manzana. Necesito chocolate y lo necesito ahora mismo».

Tus dices: «Puedo resistirme. Tengo fuerza de voluntad», pero mientras sigues hablando contigo mismo, estás cada vez más inquieto, más ansioso y más deprimido.

Ahora el cerebro pide a gritos que le prestes atención. «La has fastidiado. Por negármelo, ahora necesitarás cinco pastillas de chocolate para compensar la espera. Hace una hora habría estado perfectamente satisfecho con una.» Adelgazar entonces será una tarea mucho más difícil.

La abstinencia provoca indulgencia. Ahora que has comido en exceso te sientes culpable, tienes dolor de estómago y el azúcar en sangre está desorbitado. Tienes miedo de ganar peso, de manera que te haces la promesa de ayunar todo el día siguiente. Una mala decisión: te has metido en un círculo cerrado del que es muy difícil salir.

La abstinencia no es provechosa para el corazón, el humor ni el cerebro y solamente sirve para empeorar el antojo y no te servirá para adelgazar con éxito.

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