¿Cómo Perder Grasa a Velocidad de Vértigo?
Fecha: 25/09/08
¿No sabes cómo perder grasa de forma rápida? Te diré a continuación los puntos a seguir para que consigas un cuerpo libre de grasas.
Para eliminar el tejido adiposo, debemos reducir el número de calorías por debajo de la cifra de mantenimiento, y realizar un entrenamiento ligero y de larga duración para que el cuerpo utilice las grasas como combustible y podamos, con ello, eliminar la mayor cantidad de tejido adiposo.
Esos son los enfoques clásicos que todos dan ante esta situación, y por eso fracasan estrepitosamente.
El tema de la pérdida de grasa es bastante confuso, pero no te preocupes voy a explicarte paso a paso cual es la mejor forma de eliminar la grasa y sentirte bien contigo mismo. Voy a centrarme principalmente en el tema alimenticio a la hora de perder grasa.
Primeramente tienes que saber que para poder conseguirlo hay que manipular los macro nutrientes. La pautas a seguir para que puedas adelgazar perdiendo grasa a ritmo de vertigo son las siguientes:
El culpable de los problemas de peso es siempre un exceso de carbohidratos. ¿Sois de los que os levantáis de golpe y sentís como si os mareaseis durante un segundo?
Cuando os perdéis uña comida, ¿os volvéis irritables, débiles y temblorosos? ¿Experimentáis cambios bruscos en el estado de ánimo, pasando de la euforia a la irritabilidad? ¿Padecéis aerofagia o pesadez e hinchazón en la zona media? De cuando en cuando, ¿os vienen deseos irrefrenables de comer alimentos con alto contenido en grasa y os atiborráis de ellos en esa ocasión? ¿Sentís ansiedad por los dulces, los pasteles, el pan, las frutas, los zumos o el alcohol?
Si habéis contestado afirmativamente a una o varias de estas preguntas, es muy probable que seáis sensibles, intolerantes o incluso adictos a los carbohidratos.
Curiosamente, desde que los expertos en nutrición de los estamentos oficiales recomendaron que llevásemos una dieta alta en carbohidratos complejos, muchos países se han convertido en países de gordos.
Sí, es cierto que si reducís la ingesta de grasa a cero, perderéis peso; pero lo que no sabéis es que esa pérdida es tanto, o más, de tejido muscular como de grasa.
Los defensores de los carbohidratos os querrán hacer creer que sólo la grasa os pondrá gordos, cuando, a menudo, es lo contrario. Hace tanto tiempo como a principio de siglo que un estudio demostró que una dieta alta en carbohidratos y baja en grasa y proteínas acababa produciendo depósitos de grasa corporal. La dieta alta en proteína también sirvió para engordar, aunque el mismo: ganar en un menor porcentaje.
Sin embargo, cuando a ambos tipos de dieta se les añadió un mayor contenido de grasa del tipo saludable, se produjo una reducción de los depósitos de grasa y una mejor utilización de los alimentos, así como se observó un mayor nivel de energía.
Se consiguió adelgazar notablemente. Aunque la grasa de la dieta cuando es excesiva conduce al aumento de la grasa corporal, eso parece ocurrir sólo cuando va acompañada de una ingesta elevada de carbohidratos.
Cuando comemos grasa y proteína juntas en una comida de bajo contenido en carbohidratos, se produce, de forma natural, un aumento en la eliminación de la grasa corporal, pero si aumentáis la ingesta de carbohidratos junto con la grasa y la proteína, vuestro cuerpo detendrá de inmediato los mecanismos de eliminación de la grasa para convertir el exceso de carbohidratos en glucógeno, que es el almidón de los músculos, o en grasa corporal.
Así que si consumís muchos carbohidratos podéis decir adiós a los abdominales. Por si eso no fuera suficiente, considerad el hecho de que un exceso de carbohidratos bloquea el metabolismo de los ácidos grasos durante una comida y, por consiguiente, la grasa presente en los alimentos pasará a formar parte del tejido adiposo junto con la grasa que fabrica el hígado de todo ese exceso de hidratos de carbono.
¿Comenzáis a comprender por qué esas inocentes patatas al horno o plato de pasta hervida pueden estar aumentando vuestras células adiposas?
Cada vez existen más diabéticos y personas que sufren trastornos derivados del metabolismo del azúcar.
Todos los carbohidratos acaban siendo utilizados por el cuerpo en forma de glucosa. Los alimentos a base de hidratos complejos tales como las patatas, la pasta, el arroz, los cereales o el pan, no son azúcares simples, pero una vez son digeridos por las enzimas pancreáticas, acaban convertidos en glucosa.
La glucosa llega a la circulación sanguínea para ser usada como combustible energético; sin embargo el cuerpo está diseñado para funcionar perfectamente con sólo una pequeña cantidad de glucosa en la sangre, algo entre 70 y 100 miligramos por decilitro, o mg/dl.
Después de una comida copiosa en carbohidratos se produce una llegada masiva de glucosa a la sangre y, ante esos niveles elevados de azúcar sanguíneo, el cuerpo lo detecta como una anormalidad y desencadena una señal de alarma.
Como cualquier diabético sabe, un exceso de glucosa es peligroso y, para controlarlo, las células beta M páncreas segregan la insulina, que es una poderosa hormona que regula el nivel de glucosa en sangre.
La función principal de la insulina es movilizar la glucosa para tres funciones principales:
a) Utilizarla como fuente de energía inmediata y ser quemada.
b) Para convertirla en glucógeno, que es el depósito de glucosa para un uso posterior que el cuerpo guarda en músculos e hígado.
c) Para convertirla en ácidos grasos y almacenarla en forma de grasa en las zonas menos ejercitadas del cuerpo.
De manera que si coméis una gran cantidad de carbohidratos y no estáis en constante movimiento o no os halláis con los depósitos de glucógeno vacíos, éstos se convertirán, fácilmente, en grasa.
Aunque el ejercicio constante puede ser un antídoto contra el consumo elevado de carbohidratos, es más juicioso ir a la raíz del problema y reducir su ingesta.
Después de una comida copiosa, al cabo de una o dos horas vuestro sistema se verá inundado con glucosa y, o se quema de inmediato como energía, o pasa a reaprovisionar los depósitos de glucógeno del hígado y músculos si éstos están vacíos, o no le quedará más remedio que ir a engrosar vuestros adipositos.
Cuando el cuerpo detecta un nivel relativamente bajo de glucosa en sangre, entre los 70 y 100 mg/dl, él pasará a elegir la grasa como su primera fuente de energía con objeto de preservar la glucosa y no llevar sus niveles demasiado bajos.
Sí, habéis oído bien. Es posible hacer que vuestro cuerpo vaya quemando grasas sin ni siquiera tener que sudar con el ejercicio aeróbico, bastará con controlar los niveles de glucosa.
Eso se producirá durante todo el día de pie, caminando, conduciendo, sentado o respirando. La grasa se habrá convertido en el principal donante de la energía que necesitéis para cualquier función.
Aunque el estado de ayuno los niveles de azúcar sanguíneo a un punto en el que el cuerpo pasa automáticamente a acceder a la grasa como fuente de energía, ayunar más allá del periodo máximo de las 12 horas que implica la noche es, en realidad, contraproducente para optimizar el proceso de pérdida del tejido adiposo.
Vuestro cuerpo quemará grasa durante el ayuno, pero también consumirá tejido muscular a un ritmo incluso superior, dos tercios de tejido magro por un tercio de grasa.
Se debe restringir la ingesta de carbohidratos pero mantener adecuada la de proteína y la proporción de pérdida de tejido se invertirá. Si manipuláis bien los macro nutrientes, podéis llegar a un punto en el que el cuerpo queme de forma exclusiva la grasa y nunca el músculo.
La mejor forma de mantener consistente la combustión de grasas es manteniendo los niveles de azúcar en sangre estables, tal y como hemos descrito anteriormente.
Cuando esos niveles se hallan entre los 70 y 100 MC, el páncreas segrega insulina en muy pequeñas cantidades y, cuando esta hormona no está omnipresente en la circulación, llega a ella otra hormona, el glucagón, que es la encargada de movilizar los depósitos de grasa para convertirlos en energía.
¿Cómo evitar que los niveles de glucosa en sangre se disparen? Realizad comidas equilibradas que contengan generosas cantidades de proteínas completas y con una correcta proporción de las grasas buenas y saludables, a la vez que limitáis los carbohidratos a los complejos fibrosos en una proporción más pequeña para que no disparen la llegada súbita de glucosa a la sangre, lo cual, a su vez, dispararía la secreción de insulina.
Si os estáis preguntando cuál debería ser la proporción exacta de macro nutrientes os diré que, puesto que lo que pretendemos es quemar grasas pero a la vez construir más músculo, yo os aconsejaría un 50% de proteínas, un 20% de carbohidratos y un 30% de grasas buenas.
Cuando hablamos de grasas no penséis que podéis atiborraron de bacon, salchichas y mantequilla u otros alimentos por el estilo.
Las grasas saludables que os harán estar llenos de energía, acelerar la pérdida de tejido adiposo y el crecimiento muscular son las que se encuentran en el aceite de lino, el aceite MCT, los frutos secos, las semillas, los aguacates, las carnes magras y las yemas de huevo.
Sí, amigos, erróneamente lleváis desechando la yema de los huevos, cuando hace ya más de cuatro décadas que Vince Lironda recomendaba comer el huevo entero.
Cuando elimináis la yema perdéis la mitad del contenido de proteínas del huevo, además de todo un amplio suministro de vitaminas, minerales y elementos beneficiosos que sólo se encuentran en la misma, y, por supuesto, un importante contenido de grasas buenas.
Recordad que un gramo de grasa contiene nueve calorías contra cuatro de la misma cantidad de carbohidratos, lo cual quiere decir que aún ingiriendo un 10% más de grasas, por su densidad calórica, el volumen de alimentos será inferior al 20% de carbohidratos que son menos densos calóricamente.
Cuando restringís la ingesta de carbohidratos al 20% del total calórico, los niveles de azúcar en sangre permanecen dentro de unos niveles normales y la insulina sólo aparecerá moderadamente, mientras que el glucagón será segregado en mayor cantidad por el páncreas para mantener equilibrado el sistema energético y compensar la falta de glucosa liberando los ácidos grasos del tejido adiposo, que se convertirán en el principal donante de la energía que precisa el cuerpo.
De hecho, el cuerpo prefiere esta fuente de energía porque es más estable que la glucosa, que sufre repentinos altibajos, o sea, que os sentiréis llenos de energía, a la vez que os iréis liberando paulatinamente de la grasa.
Si coméis muchos carbohidratos, los niveles de glucosa en sangre subirán, estimulando la secreción de insulina, la cual bloqueará la secreción de glucagón y los efectos quemadores de grasa, para daros un subidón de energía rápida pero corta.
Una vez que los niveles elevados de glucosa sean detectados, la insulina se ocupará de eliminar la glucosa de la sangre para evitar una subida de azúcar y de forma automática sufriréis una bajada de energía privándoos de la energía de forma que podríais reaccionar perfectamente sintiendo unos deseos irrefrenables por alimentos ricos en azúcar como pasteles, galletas, caramelos, pasta, pizza, bebidas azucaradas o cualquier cosa que pueda elevar vuestros niveles de azúcar sanguíneo.
Cuando coméis carbohidratos en exceso, éstos tienen la propiedad de elevar y luego descender los niveles de energía súbitamente, con lo cual experimentaréis constantes altibajos y bloquearéis la posibilidad de deshaceros de grasa.
De acuerdo, ahora sabéis que si mantenéis moderada la ingesta de carbohidratos, a la vez que compensáis esa moderación con una ingesta relativamente alta de las grasas buenas, podéis convertir vuestro cuerpo en una máquina infalible que dispondrá siempre de energía estable a la vez que estará quemando el tejido adiposo constantemente.
Pero además de controlar la cantidad de los carbohidratos, debéis hacer lo mismo con su calidad.
Mientras tengáis grasa que perder, vuestros carbohidratos deben provenir de las ensaladas, verduras hervidas, hortalizas crudas y de frutas no almidonadas y poco cargadas de carbohidratos, tales como las manzanas, peras, pomelos, naranjas, etc.
Evitad los carbohidratos que elevan fácilmente la glucosa sanguínea y estimulan la secreción de insulina, tales como todos los almidones, lo cual incluye las patatas, los boniatos, la pasta, el pan, las galletas, los pasteles, frutas pasas, zumos de frutas, miel, azúcares y equivalentes.
Seguid estas pautas y comprobaréis que sin apenas esfuerzo os iréis liberando de la grasa de forma rápida y saludable, mientras disponéis de vuestras energías al 100 %.
Para eliminar el tejido adiposo, debemos reducir el número de calorías por debajo de la cifra de mantenimiento, y realizar un entrenamiento ligero y de larga duración para que el cuerpo utilice las grasas como combustible y podamos, con ello, eliminar la mayor cantidad de tejido adiposo.
Esos son los enfoques clásicos que todos dan ante esta situación, y por eso fracasan estrepitosamente.
El tema de la pérdida de grasa es bastante confuso, pero no te preocupes voy a explicarte paso a paso cual es la mejor forma de eliminar la grasa y sentirte bien contigo mismo. Voy a centrarme principalmente en el tema alimenticio a la hora de perder grasa.
Primeramente tienes que saber que para poder conseguirlo hay que manipular los macro nutrientes. La pautas a seguir para que puedas adelgazar perdiendo grasa a ritmo de vertigo son las siguientes:
PERDER GRASA MEDIANTE EL CONTROL DE LOS CARBOHIDRATOS
El culpable de los problemas de peso es siempre un exceso de carbohidratos. ¿Sois de los que os levantáis de golpe y sentís como si os mareaseis durante un segundo?
Cuando os perdéis uña comida, ¿os volvéis irritables, débiles y temblorosos? ¿Experimentáis cambios bruscos en el estado de ánimo, pasando de la euforia a la irritabilidad? ¿Padecéis aerofagia o pesadez e hinchazón en la zona media? De cuando en cuando, ¿os vienen deseos irrefrenables de comer alimentos con alto contenido en grasa y os atiborráis de ellos en esa ocasión? ¿Sentís ansiedad por los dulces, los pasteles, el pan, las frutas, los zumos o el alcohol?
Si habéis contestado afirmativamente a una o varias de estas preguntas, es muy probable que seáis sensibles, intolerantes o incluso adictos a los carbohidratos.
Curiosamente, desde que los expertos en nutrición de los estamentos oficiales recomendaron que llevásemos una dieta alta en carbohidratos complejos, muchos países se han convertido en países de gordos.
Sí, es cierto que si reducís la ingesta de grasa a cero, perderéis peso; pero lo que no sabéis es que esa pérdida es tanto, o más, de tejido muscular como de grasa.
LOS CARBOHIDRATOS ENGORDAN MAS QUE LAS GRASAS
Los defensores de los carbohidratos os querrán hacer creer que sólo la grasa os pondrá gordos, cuando, a menudo, es lo contrario. Hace tanto tiempo como a principio de siglo que un estudio demostró que una dieta alta en carbohidratos y baja en grasa y proteínas acababa produciendo depósitos de grasa corporal. La dieta alta en proteína también sirvió para engordar, aunque el mismo: ganar en un menor porcentaje.
Sin embargo, cuando a ambos tipos de dieta se les añadió un mayor contenido de grasa del tipo saludable, se produjo una reducción de los depósitos de grasa y una mejor utilización de los alimentos, así como se observó un mayor nivel de energía.
Se consiguió adelgazar notablemente. Aunque la grasa de la dieta cuando es excesiva conduce al aumento de la grasa corporal, eso parece ocurrir sólo cuando va acompañada de una ingesta elevada de carbohidratos.
Cuando comemos grasa y proteína juntas en una comida de bajo contenido en carbohidratos, se produce, de forma natural, un aumento en la eliminación de la grasa corporal, pero si aumentáis la ingesta de carbohidratos junto con la grasa y la proteína, vuestro cuerpo detendrá de inmediato los mecanismos de eliminación de la grasa para convertir el exceso de carbohidratos en glucógeno, que es el almidón de los músculos, o en grasa corporal.
Así que si consumís muchos carbohidratos podéis decir adiós a los abdominales. Por si eso no fuera suficiente, considerad el hecho de que un exceso de carbohidratos bloquea el metabolismo de los ácidos grasos durante una comida y, por consiguiente, la grasa presente en los alimentos pasará a formar parte del tejido adiposo junto con la grasa que fabrica el hígado de todo ese exceso de hidratos de carbono.
¿Comenzáis a comprender por qué esas inocentes patatas al horno o plato de pasta hervida pueden estar aumentando vuestras células adiposas?
LOS CARBOHIDRATOS Y LA INSULINA DE VITAL IMPORTANCIA PARA ADELGAZAR
Cada vez existen más diabéticos y personas que sufren trastornos derivados del metabolismo del azúcar.
Todos los carbohidratos acaban siendo utilizados por el cuerpo en forma de glucosa. Los alimentos a base de hidratos complejos tales como las patatas, la pasta, el arroz, los cereales o el pan, no son azúcares simples, pero una vez son digeridos por las enzimas pancreáticas, acaban convertidos en glucosa.
La glucosa llega a la circulación sanguínea para ser usada como combustible energético; sin embargo el cuerpo está diseñado para funcionar perfectamente con sólo una pequeña cantidad de glucosa en la sangre, algo entre 70 y 100 miligramos por decilitro, o mg/dl.
Después de una comida copiosa en carbohidratos se produce una llegada masiva de glucosa a la sangre y, ante esos niveles elevados de azúcar sanguíneo, el cuerpo lo detecta como una anormalidad y desencadena una señal de alarma.
Como cualquier diabético sabe, un exceso de glucosa es peligroso y, para controlarlo, las células beta M páncreas segregan la insulina, que es una poderosa hormona que regula el nivel de glucosa en sangre.
La función principal de la insulina es movilizar la glucosa para tres funciones principales:
a) Utilizarla como fuente de energía inmediata y ser quemada.
b) Para convertirla en glucógeno, que es el depósito de glucosa para un uso posterior que el cuerpo guarda en músculos e hígado.
c) Para convertirla en ácidos grasos y almacenarla en forma de grasa en las zonas menos ejercitadas del cuerpo.
De manera que si coméis una gran cantidad de carbohidratos y no estáis en constante movimiento o no os halláis con los depósitos de glucógeno vacíos, éstos se convertirán, fácilmente, en grasa.
Aunque el ejercicio constante puede ser un antídoto contra el consumo elevado de carbohidratos, es más juicioso ir a la raíz del problema y reducir su ingesta.
Después de una comida copiosa, al cabo de una o dos horas vuestro sistema se verá inundado con glucosa y, o se quema de inmediato como energía, o pasa a reaprovisionar los depósitos de glucógeno del hígado y músculos si éstos están vacíos, o no le quedará más remedio que ir a engrosar vuestros adipositos.
Cuando el cuerpo detecta un nivel relativamente bajo de glucosa en sangre, entre los 70 y 100 mg/dl, él pasará a elegir la grasa como su primera fuente de energía con objeto de preservar la glucosa y no llevar sus niveles demasiado bajos.
Sí, habéis oído bien. Es posible hacer que vuestro cuerpo vaya quemando grasas sin ni siquiera tener que sudar con el ejercicio aeróbico, bastará con controlar los niveles de glucosa.
Eso se producirá durante todo el día de pie, caminando, conduciendo, sentado o respirando. La grasa se habrá convertido en el principal donante de la energía que necesitéis para cualquier función.
REDUCIR DEMASIADO LAS CALORÍAS NO ES EFECTIVO PARA ADELGAZAR
Aunque el estado de ayuno los niveles de azúcar sanguíneo a un punto en el que el cuerpo pasa automáticamente a acceder a la grasa como fuente de energía, ayunar más allá del periodo máximo de las 12 horas que implica la noche es, en realidad, contraproducente para optimizar el proceso de pérdida del tejido adiposo.
Vuestro cuerpo quemará grasa durante el ayuno, pero también consumirá tejido muscular a un ritmo incluso superior, dos tercios de tejido magro por un tercio de grasa.
Se debe restringir la ingesta de carbohidratos pero mantener adecuada la de proteína y la proporción de pérdida de tejido se invertirá. Si manipuláis bien los macro nutrientes, podéis llegar a un punto en el que el cuerpo queme de forma exclusiva la grasa y nunca el músculo.
COMED MENOS CARBOHIDRATIOS Y VAIS A QUEMAR MÁS GRASA
La mejor forma de mantener consistente la combustión de grasas es manteniendo los niveles de azúcar en sangre estables, tal y como hemos descrito anteriormente.
Cuando esos niveles se hallan entre los 70 y 100 MC, el páncreas segrega insulina en muy pequeñas cantidades y, cuando esta hormona no está omnipresente en la circulación, llega a ella otra hormona, el glucagón, que es la encargada de movilizar los depósitos de grasa para convertirlos en energía.
¿Cómo evitar que los niveles de glucosa en sangre se disparen? Realizad comidas equilibradas que contengan generosas cantidades de proteínas completas y con una correcta proporción de las grasas buenas y saludables, a la vez que limitáis los carbohidratos a los complejos fibrosos en una proporción más pequeña para que no disparen la llegada súbita de glucosa a la sangre, lo cual, a su vez, dispararía la secreción de insulina.
Si os estáis preguntando cuál debería ser la proporción exacta de macro nutrientes os diré que, puesto que lo que pretendemos es quemar grasas pero a la vez construir más músculo, yo os aconsejaría un 50% de proteínas, un 20% de carbohidratos y un 30% de grasas buenas.
Cuando hablamos de grasas no penséis que podéis atiborraron de bacon, salchichas y mantequilla u otros alimentos por el estilo.
Las grasas saludables que os harán estar llenos de energía, acelerar la pérdida de tejido adiposo y el crecimiento muscular son las que se encuentran en el aceite de lino, el aceite MCT, los frutos secos, las semillas, los aguacates, las carnes magras y las yemas de huevo.
Sí, amigos, erróneamente lleváis desechando la yema de los huevos, cuando hace ya más de cuatro décadas que Vince Lironda recomendaba comer el huevo entero.
Cuando elimináis la yema perdéis la mitad del contenido de proteínas del huevo, además de todo un amplio suministro de vitaminas, minerales y elementos beneficiosos que sólo se encuentran en la misma, y, por supuesto, un importante contenido de grasas buenas.
Recordad que un gramo de grasa contiene nueve calorías contra cuatro de la misma cantidad de carbohidratos, lo cual quiere decir que aún ingiriendo un 10% más de grasas, por su densidad calórica, el volumen de alimentos será inferior al 20% de carbohidratos que son menos densos calóricamente.
Cuando restringís la ingesta de carbohidratos al 20% del total calórico, los niveles de azúcar en sangre permanecen dentro de unos niveles normales y la insulina sólo aparecerá moderadamente, mientras que el glucagón será segregado en mayor cantidad por el páncreas para mantener equilibrado el sistema energético y compensar la falta de glucosa liberando los ácidos grasos del tejido adiposo, que se convertirán en el principal donante de la energía que precisa el cuerpo.
De hecho, el cuerpo prefiere esta fuente de energía porque es más estable que la glucosa, que sufre repentinos altibajos, o sea, que os sentiréis llenos de energía, a la vez que os iréis liberando paulatinamente de la grasa.
Si coméis muchos carbohidratos, los niveles de glucosa en sangre subirán, estimulando la secreción de insulina, la cual bloqueará la secreción de glucagón y los efectos quemadores de grasa, para daros un subidón de energía rápida pero corta.
Una vez que los niveles elevados de glucosa sean detectados, la insulina se ocupará de eliminar la glucosa de la sangre para evitar una subida de azúcar y de forma automática sufriréis una bajada de energía privándoos de la energía de forma que podríais reaccionar perfectamente sintiendo unos deseos irrefrenables por alimentos ricos en azúcar como pasteles, galletas, caramelos, pasta, pizza, bebidas azucaradas o cualquier cosa que pueda elevar vuestros niveles de azúcar sanguíneo.
Cuando coméis carbohidratos en exceso, éstos tienen la propiedad de elevar y luego descender los niveles de energía súbitamente, con lo cual experimentaréis constantes altibajos y bloquearéis la posibilidad de deshaceros de grasa.
CONTROLAD LA CANTIDAD Y CALIDAD DE LOS CARBOHIDRATOS
De acuerdo, ahora sabéis que si mantenéis moderada la ingesta de carbohidratos, a la vez que compensáis esa moderación con una ingesta relativamente alta de las grasas buenas, podéis convertir vuestro cuerpo en una máquina infalible que dispondrá siempre de energía estable a la vez que estará quemando el tejido adiposo constantemente.
Pero además de controlar la cantidad de los carbohidratos, debéis hacer lo mismo con su calidad.
Mientras tengáis grasa que perder, vuestros carbohidratos deben provenir de las ensaladas, verduras hervidas, hortalizas crudas y de frutas no almidonadas y poco cargadas de carbohidratos, tales como las manzanas, peras, pomelos, naranjas, etc.
Evitad los carbohidratos que elevan fácilmente la glucosa sanguínea y estimulan la secreción de insulina, tales como todos los almidones, lo cual incluye las patatas, los boniatos, la pasta, el pan, las galletas, los pasteles, frutas pasas, zumos de frutas, miel, azúcares y equivalentes.
Seguid estas pautas y comprobaréis que sin apenas esfuerzo os iréis liberando de la grasa de forma rápida y saludable, mientras disponéis de vuestras energías al 100 %.





Jero escribió: