Tratamientos para la Obesidad: ¿Se Puede Adelgazar con Pastillas Milagrosas? Parte 2
Fecha: 04/02/08
El descubrimiento de que el tejido adiposo marrón posee unos receptores específicos —los receptores P,-adrenérgicospara la estimulación con noradrenalina ha abierto una serie de sugestivas posibilidades de tratamientos para adelgazar.
Diversas multinacionales se han lanzado a la búsqueda de drogas capaces de estimular sólo la termogénesis, sin los efectos secundarios no deseados sobre el sistema cardio circulatorio.
Algunas de estas pastillas para adelgazar se pueden considerar altamente seguras como las que tenemos en venta en nuestra web, con ingredientes seguros y eficaces en la quema de grasas. En la actualidad ya existe un numeroso grupo de materiales que cumplen perfectamente estas especificaciones, aunque ninguno de ellos se ha comercializado aún por varias razones, siendo la principal que no cumplen los efectos esperados y previstos: tienen un efecto adelgazante inicial que al cabo de muy poco tiempo se desvanece, tanto en animales experimentales como en humanos.
Probablemente, la razón es que el organismo reacciona frente a la estimulación continuada de estos receptores por los agonistas beta-3, disminuyendo el número de estos receptores y haciendo con ello mucho más difícil la estimulación.
Además, otros mecanismos de seguridad hasta el momento desconocidos impiden que esta estimulación constante pueda producir «daños» en el organismo —como puede ser la pérdida de las reservas grasas—.
Por todo ello, la saga de los estimulantes beta-3 específicos de la termogénesis está, por el momento, en dique seco, aunque las perspectivas de futuro son aún interesantes ya que existe la posibilidad de que se consiga bloquear este efecto de defensa frente a los agonistas beta-3.
Otra razón por la que es posible que estas sustancias no hayan estado a la altura de las expectativas puestas en ellos ha sido la baja proporción de tejido adiposo marrón que presentan los seres humanos adultos, en comparación con la rata, animal sobre el que se ha llevado a cabo la mayor parte de estas investigaciones.
En el hombre la termogénesis implica de un modo importante, además de la grasa marrón, a otros tejidos como el hígado y el riñón —que también proporcionan cantidades importantes de calor a la rata—, cuyos mecanismos de generación adaptativa de calor no han estado aún totalmente aclarados.
En estudios experimentales se han utilizado también para perder peso otras hormonas, como la hormona de crecimiento, con efectos al parecer interesantes en cuanto a la reducción de la masa grasa, aunque en todo caso se trata de un efecto limitado y parcial; no está claro su mecanismo ni las posibles complicaciones.
Las gonadotropinas se han empleado también —sin éxito alguno—para el adelgazamiento.
Un interesante campo de estudio que ha alcanzado mucho desarrollo desde el punto de vista de la investigación, pero que no se ha traducido aún en resultados concretos aplicables al expectante público obeso, es el de los ---anorexígenos---, sustancias que quitan el apetito.
La experiencia negativa de los derivados anfetamínicos ha llevado a una notable retracción sobre la posible comercialización, que por el momento se realiza casi exclusivamente con agonistas de la serotonina, como la fenfluramina y la dexfenfluramina.
Son muy utilizados como complemento de las dietas para adelgazar hipocalóricas porque disminuyen el apetito y según algunos autores facilitan la quema de grasas.
Su efectividad es muy limitada, aunque su utilización es muy amplia, en gran medida porque no se dispone de otra cosa más eficaz.
En la actualidad y relacionado con estos materiales se dispone de un eficaz antidepresivo, la ---fluoxetina---, que también se ha utilizado como adelgazante, especialmente en casos en los que se necesita acometer el tratamiento de la obesidad en individuos deprimidos.
Los diuréticos se utilizan ampliamente —e inútilmente—para fomentar la pérdida de peso, sobre todo en preparaciones «milagrosas» fraudulentas y peligrosas.
Los diuréticos favorecen la eliminación de agua —y sales— en la orina, por lo que se puede perder peso momentáneamente —el del agua— sin que se altere la cantidad de grasa del cuerpo lo más mínimo.
El uso continuado de diuréticos puede causar problemas de disponibilidad de minerales —como el sodio o el potasio—.
No es en absoluto recomendable emplear este tipo de fármacos para esta finalidad, sobre todo por la perfecta futilidad del intento.
Tampoco son aconsejables los laxantes, salvo en las personas con estreñimiento, y aun en estos casos siempre bajo un riguroso control médico para evitar efectos de acostumbramiento o de daño al intestino grueso.
Los laxantes no afectan realmente de modo significativo a la absorción de nutrientes de los alimentos, al menos no lo suficiente como para que se afecte la ingesta energética, pero sí pueden afectar, incluso seriamente, a la función del intestino, lesionándolo o disminuyendo —por compensación—su propia movilidad natural.
En definitiva, los fármacos que promueven una activa eliminación de excretas deben ser utilizados sólo para tratar las patologías relacionadas con éstas, y para adelgazar no es recomendable su utilización.
La mayoría de las pastillas milagrosas para adelgazar contienen en proporciones variables o bien diuréticos más o menos suaves o bien fibra, cuando no anfetaminas, hormonas tiroideas, laxantes y diuréticos potentes, a veces combinados con fármacos que amortiguan o disimulan los efectos secundarios de las drogas principales —se utilizan mucho los depresores o relajantes como las benzodiacepinasl- de las que es un ejemplo clásico el Valium—.
Estos «cócteles» son casi siempre auténticos ejercicios de sabotaje metabólico de letal potencialidad, pero que a muy corto plazo consiguen que se pierda —temporalmente— algo de peso, lo suficiente para conseguir algunos beneficios y para malbaratar la salud del incauto que siguió el tratamiento.
Por ello es recomendable que confíes plenamente en productos y pastillas para adelgazar que no tengan ningún efecto negativo y que realmente funcionen. Puedes informarte mejor sobre nuestras pastillas y productos a través del menú principal o clickeando en los banners de la web.
Diversas multinacionales se han lanzado a la búsqueda de drogas capaces de estimular sólo la termogénesis, sin los efectos secundarios no deseados sobre el sistema cardio circulatorio.
Algunas de estas pastillas para adelgazar se pueden considerar altamente seguras como las que tenemos en venta en nuestra web, con ingredientes seguros y eficaces en la quema de grasas. En la actualidad ya existe un numeroso grupo de materiales que cumplen perfectamente estas especificaciones, aunque ninguno de ellos se ha comercializado aún por varias razones, siendo la principal que no cumplen los efectos esperados y previstos: tienen un efecto adelgazante inicial que al cabo de muy poco tiempo se desvanece, tanto en animales experimentales como en humanos.
Probablemente, la razón es que el organismo reacciona frente a la estimulación continuada de estos receptores por los agonistas beta-3, disminuyendo el número de estos receptores y haciendo con ello mucho más difícil la estimulación.
Además, otros mecanismos de seguridad hasta el momento desconocidos impiden que esta estimulación constante pueda producir «daños» en el organismo —como puede ser la pérdida de las reservas grasas—.
Por todo ello, la saga de los estimulantes beta-3 específicos de la termogénesis está, por el momento, en dique seco, aunque las perspectivas de futuro son aún interesantes ya que existe la posibilidad de que se consiga bloquear este efecto de defensa frente a los agonistas beta-3.
Otra razón por la que es posible que estas sustancias no hayan estado a la altura de las expectativas puestas en ellos ha sido la baja proporción de tejido adiposo marrón que presentan los seres humanos adultos, en comparación con la rata, animal sobre el que se ha llevado a cabo la mayor parte de estas investigaciones.
En el hombre la termogénesis implica de un modo importante, además de la grasa marrón, a otros tejidos como el hígado y el riñón —que también proporcionan cantidades importantes de calor a la rata—, cuyos mecanismos de generación adaptativa de calor no han estado aún totalmente aclarados.
En estudios experimentales se han utilizado también para perder peso otras hormonas, como la hormona de crecimiento, con efectos al parecer interesantes en cuanto a la reducción de la masa grasa, aunque en todo caso se trata de un efecto limitado y parcial; no está claro su mecanismo ni las posibles complicaciones.
Las gonadotropinas se han empleado también —sin éxito alguno—para el adelgazamiento.
Un interesante campo de estudio que ha alcanzado mucho desarrollo desde el punto de vista de la investigación, pero que no se ha traducido aún en resultados concretos aplicables al expectante público obeso, es el de los ---anorexígenos---, sustancias que quitan el apetito.
La experiencia negativa de los derivados anfetamínicos ha llevado a una notable retracción sobre la posible comercialización, que por el momento se realiza casi exclusivamente con agonistas de la serotonina, como la fenfluramina y la dexfenfluramina.
Son muy utilizados como complemento de las dietas para adelgazar hipocalóricas porque disminuyen el apetito y según algunos autores facilitan la quema de grasas.
Su efectividad es muy limitada, aunque su utilización es muy amplia, en gran medida porque no se dispone de otra cosa más eficaz.
En la actualidad y relacionado con estos materiales se dispone de un eficaz antidepresivo, la ---fluoxetina---, que también se ha utilizado como adelgazante, especialmente en casos en los que se necesita acometer el tratamiento de la obesidad en individuos deprimidos.
Los diuréticos se utilizan ampliamente —e inútilmente—para fomentar la pérdida de peso, sobre todo en preparaciones «milagrosas» fraudulentas y peligrosas.
Los diuréticos favorecen la eliminación de agua —y sales— en la orina, por lo que se puede perder peso momentáneamente —el del agua— sin que se altere la cantidad de grasa del cuerpo lo más mínimo.
El uso continuado de diuréticos puede causar problemas de disponibilidad de minerales —como el sodio o el potasio—.
No es en absoluto recomendable emplear este tipo de fármacos para esta finalidad, sobre todo por la perfecta futilidad del intento.
Tampoco son aconsejables los laxantes, salvo en las personas con estreñimiento, y aun en estos casos siempre bajo un riguroso control médico para evitar efectos de acostumbramiento o de daño al intestino grueso.
Los laxantes no afectan realmente de modo significativo a la absorción de nutrientes de los alimentos, al menos no lo suficiente como para que se afecte la ingesta energética, pero sí pueden afectar, incluso seriamente, a la función del intestino, lesionándolo o disminuyendo —por compensación—su propia movilidad natural.
En definitiva, los fármacos que promueven una activa eliminación de excretas deben ser utilizados sólo para tratar las patologías relacionadas con éstas, y para adelgazar no es recomendable su utilización.
La mayoría de las pastillas milagrosas para adelgazar contienen en proporciones variables o bien diuréticos más o menos suaves o bien fibra, cuando no anfetaminas, hormonas tiroideas, laxantes y diuréticos potentes, a veces combinados con fármacos que amortiguan o disimulan los efectos secundarios de las drogas principales —se utilizan mucho los depresores o relajantes como las benzodiacepinasl- de las que es un ejemplo clásico el Valium—.
Estos «cócteles» son casi siempre auténticos ejercicios de sabotaje metabólico de letal potencialidad, pero que a muy corto plazo consiguen que se pierda —temporalmente— algo de peso, lo suficiente para conseguir algunos beneficios y para malbaratar la salud del incauto que siguió el tratamiento.
Por ello es recomendable que confíes plenamente en productos y pastillas para adelgazar que no tengan ningún efecto negativo y que realmente funcionen. Puedes informarte mejor sobre nuestras pastillas y productos a través del menú principal o clickeando en los banners de la web.





Sonia Ortiz escribió: