Dietas para Adelgazar: ¿Qué Peligros tiene la Dieta Hipocalórica?
Fecha: 03/02/08
Las dietas para adelgazar hipocalóricas presentan algunos problemas que la gente desconoce. ¿Cuáles son los problemas que tiene seguir una Dieta hipocalórica para perder peso? Veremos los peligros que conlleva seguirla.
En principio su efectividad se está poniendo en duda.
Las dietas hipocalóricas para adelgazar —de hecho, cualquier dieta para perder peso restrictiva—comporta algunos peligros para el funcionamiento del organismo, que derivan en gran parte de su composición en nutrientes y en parte de su contenido calórico global.
Un gran peligro es el derivado de las condiciones en que se encuentra la persona sometida a la dieta. Las dietas para adelgazar hipocalóricas equilibradas deben contener glúcidos junto con una buena cantidad de proteína, algo de lípidos o grasas buenas—ácidos grasos esenciales—, fibra y micro componentes.
En muchos casos todo eso no «cabe» dentro de los límites energéticos que se marcan al establecer un régimen hipocalórico para conseguir una efectiva reducción de reservas.
Eso implica necesariamente tener que prescindir de parte o de la totalidad de algún componente energético, habitualmente glúcidos y/o lípidos. Esta reducción afecta al tratamiento metabólico del resto de la dieta de adelgazamiento, forzando más aún la utilización de las proteínas como fuente energética en detrimento de su función equilibradora del balance nitrogenado y de aporte de aminoácidos para sostener el recambio proteico.
Este papel de las proteínas en la dieta no es tan esotérico como parece, pues los resultados de la limitación de un pleno funcionalismo del metabolismo nitrogenado en el cuerpo son especialmente dañinos en potencia, al afectar a los sistemas inmunológicos de defensa y al mantenimiento proteico.
La utilización para bajar de peso de dietas líquidas produjo algunas muertes por fallo cardíaco que algunos atribuyen a problemas en el recambio de las proteínas contráctiles del propio miocardio, inducidas por la falta de aminoácidos esenciales en la dieta.
No es descabellado asumir que la utilización de dietas desequilibradas, con un aporte nutricional inadecuado e insuficiente desde el punto de vista proteico, pueda dar lugar a un marcado incremento de las condiciones de morbilidad e incluso promover un aumento de la mortalidad entre las personas que siguen la dieta para adelgazar.
Al afectarse prácticamente todos los sistemas fisiológicos, las causas inmediatas desencadenantes del problema difícilmente se relacionarán con una dieta inadecuada, sobre todo cuando la dieta se sigue con fines terapéuticos.
Un posible fallo cardíaco suele atribuirse más —en un obeso sometido a una dieta para perder peso hipocalórica— a una insuficiencia cardio circulatoria previa, ligada a su obesidad, que a los efectos dañinos desencadenantes de una dieta equivocada.
Pero la dieta puede magnificar el peligro latente de una situación de enfermedad larvada o la propensión a determinadas situaciones patológicas de las personas que la siguen.
Es por esa razón que el control es absolutamente esencial en la utilización para adelgazar de dietas hipocalóricas.
Este control ha de incidir, sobre todo, en el posible efecto de la limitación dietética sobre patologías ya existentes o que se puedan presentar con facilidad.
Hace unos años, a algunos obesos a los que se sometió a una dieta fuertemente hipocalórica, se pudo comprobar que cerca de la mitad manifestaba ya alteraciones en el electrocardiograma tras sólo dos semanas de dieta.
Prolongar ésta podía dar lugar a la aparición de síntomas clínicos según el caso hasta convertirse en un problema grave. Lo más razonable es, pues, evitar complicar la situación y adoptar las medidas necesarias para que la pérdida de peso pueda realizarse con seguridad y sin que una acción de mejora de la salud como ésta pueda convertirse en causa de patologías más graves y peligrosas.
El control debe afectar también —sobre todo— a la formulación de la dieta: componentes y proporciones, nivel energético y duración.
Las dietas deben adaptarse a cada persona, y a sus condiciones particulares y específicas.
No es cierto que una determinada dieta para adelgazar sirva para todo el mundo por la simple razón de que las características individuales de las personas son también diferentes.
No puede hacerse tabla rasa de todo lo que conocemos sobre dietas aplicando las mismas fórmulas en todos los casos.
Es impensable que podamos suponer que la composición y el nivel energético de la dieta necesaria para hacer perder unos kilos a una mujer de 50 años aquejada de dolores articulares con un sobrepeso relativamente ligero sea idéntica a la aconsejable para que un adolescente varón de 16 años limite algo una obesidad mórbida incipiente.
Es impensable, pero la mayor parte de las dietas para bajar de peso de más éxito comercial suponen que ambos casos deben tratarse del mismo modo.
El principal peligro que esconden las dietas para perder peso es el de su posible inadecuación.
Una dieta inadecuada puede hacer daño, tanto por no hacer perder peso como por el sufrimiento que ocasiona su desarrollo y eventual fracaso, así como por las alteraciones metabólicas y el deterioro de la salud que puede producir, además de tener efectos a largo plazo —por ejemplo, dificultando el desarrollo y efectividad posterior de otras dietas—.
Hay muchas dietas para bajar de peso que son inadecuadas para todos, dietas formuladas sin conocimiento, sin previsión de las consecuencias y que a menudo son sólo una forma de conseguir publicidad o dinero fácil.
Otras sólo serían aconsejables para ciertas personas bajo determinadas circunstancias.
Finalmente, hay que tener en cuenta que no hay dietas hipocalóricas inofensivas; por definición, estas dietas tratan de forzar el equilibrio, la homeostasis de nuestro organismo, para que éste pierda sus reservas energéticas, y esto es un ataque en toda regla.
Esta agresión puede ser más o menos efectiva, intensa y peligrosa, y sus efectos pueden ser ligeros o marcados, pudiendo llegar incluso a dejar secuelas.
Debe tenerse siempre en mente esta idea antes de asumir, casi siempre alegremente —y a menudo sin control adecuado—, el seguimiento de una dieta hipocalórica.
Las dietas para adelgazar son importantes herramientas de salud que mal utilizadas pueden dar al traste con nuestras expectativas infligiendo daños que pueden ser más perniciosos por lo inesperados y, a veces, ocultos.
Como toda herramienta, debe ser utilizada para adelgazar con conocimiento, decisión y seguridad. No valen las medias tintas ni los planteamientos alocados, sólo la seguridad que da el control; el seguimiento y el pleno conocimiento de la situación, única e irrepetible para cada caso.
En principio su efectividad se está poniendo en duda.
Las dietas hipocalóricas para adelgazar —de hecho, cualquier dieta para perder peso restrictiva—comporta algunos peligros para el funcionamiento del organismo, que derivan en gran parte de su composición en nutrientes y en parte de su contenido calórico global.
Un gran peligro es el derivado de las condiciones en que se encuentra la persona sometida a la dieta. Las dietas para adelgazar hipocalóricas equilibradas deben contener glúcidos junto con una buena cantidad de proteína, algo de lípidos o grasas buenas—ácidos grasos esenciales—, fibra y micro componentes.
En muchos casos todo eso no «cabe» dentro de los límites energéticos que se marcan al establecer un régimen hipocalórico para conseguir una efectiva reducción de reservas.
Eso implica necesariamente tener que prescindir de parte o de la totalidad de algún componente energético, habitualmente glúcidos y/o lípidos. Esta reducción afecta al tratamiento metabólico del resto de la dieta de adelgazamiento, forzando más aún la utilización de las proteínas como fuente energética en detrimento de su función equilibradora del balance nitrogenado y de aporte de aminoácidos para sostener el recambio proteico.
Este papel de las proteínas en la dieta no es tan esotérico como parece, pues los resultados de la limitación de un pleno funcionalismo del metabolismo nitrogenado en el cuerpo son especialmente dañinos en potencia, al afectar a los sistemas inmunológicos de defensa y al mantenimiento proteico.
La utilización para bajar de peso de dietas líquidas produjo algunas muertes por fallo cardíaco que algunos atribuyen a problemas en el recambio de las proteínas contráctiles del propio miocardio, inducidas por la falta de aminoácidos esenciales en la dieta.
No es descabellado asumir que la utilización de dietas desequilibradas, con un aporte nutricional inadecuado e insuficiente desde el punto de vista proteico, pueda dar lugar a un marcado incremento de las condiciones de morbilidad e incluso promover un aumento de la mortalidad entre las personas que siguen la dieta para adelgazar.
Al afectarse prácticamente todos los sistemas fisiológicos, las causas inmediatas desencadenantes del problema difícilmente se relacionarán con una dieta inadecuada, sobre todo cuando la dieta se sigue con fines terapéuticos.
Un posible fallo cardíaco suele atribuirse más —en un obeso sometido a una dieta para perder peso hipocalórica— a una insuficiencia cardio circulatoria previa, ligada a su obesidad, que a los efectos dañinos desencadenantes de una dieta equivocada.
Pero la dieta puede magnificar el peligro latente de una situación de enfermedad larvada o la propensión a determinadas situaciones patológicas de las personas que la siguen.
Es por esa razón que el control es absolutamente esencial en la utilización para adelgazar de dietas hipocalóricas.
Este control ha de incidir, sobre todo, en el posible efecto de la limitación dietética sobre patologías ya existentes o que se puedan presentar con facilidad.
Hace unos años, a algunos obesos a los que se sometió a una dieta fuertemente hipocalórica, se pudo comprobar que cerca de la mitad manifestaba ya alteraciones en el electrocardiograma tras sólo dos semanas de dieta.
Prolongar ésta podía dar lugar a la aparición de síntomas clínicos según el caso hasta convertirse en un problema grave. Lo más razonable es, pues, evitar complicar la situación y adoptar las medidas necesarias para que la pérdida de peso pueda realizarse con seguridad y sin que una acción de mejora de la salud como ésta pueda convertirse en causa de patologías más graves y peligrosas.
El control debe afectar también —sobre todo— a la formulación de la dieta: componentes y proporciones, nivel energético y duración.
Las dietas deben adaptarse a cada persona, y a sus condiciones particulares y específicas.
No es cierto que una determinada dieta para adelgazar sirva para todo el mundo por la simple razón de que las características individuales de las personas son también diferentes.
No puede hacerse tabla rasa de todo lo que conocemos sobre dietas aplicando las mismas fórmulas en todos los casos.
Es impensable que podamos suponer que la composición y el nivel energético de la dieta necesaria para hacer perder unos kilos a una mujer de 50 años aquejada de dolores articulares con un sobrepeso relativamente ligero sea idéntica a la aconsejable para que un adolescente varón de 16 años limite algo una obesidad mórbida incipiente.
Es impensable, pero la mayor parte de las dietas para bajar de peso de más éxito comercial suponen que ambos casos deben tratarse del mismo modo.
El principal peligro que esconden las dietas para perder peso es el de su posible inadecuación.
Una dieta inadecuada puede hacer daño, tanto por no hacer perder peso como por el sufrimiento que ocasiona su desarrollo y eventual fracaso, así como por las alteraciones metabólicas y el deterioro de la salud que puede producir, además de tener efectos a largo plazo —por ejemplo, dificultando el desarrollo y efectividad posterior de otras dietas—.
Hay muchas dietas para bajar de peso que son inadecuadas para todos, dietas formuladas sin conocimiento, sin previsión de las consecuencias y que a menudo son sólo una forma de conseguir publicidad o dinero fácil.
Otras sólo serían aconsejables para ciertas personas bajo determinadas circunstancias.
Finalmente, hay que tener en cuenta que no hay dietas hipocalóricas inofensivas; por definición, estas dietas tratan de forzar el equilibrio, la homeostasis de nuestro organismo, para que éste pierda sus reservas energéticas, y esto es un ataque en toda regla.
Esta agresión puede ser más o menos efectiva, intensa y peligrosa, y sus efectos pueden ser ligeros o marcados, pudiendo llegar incluso a dejar secuelas.
Debe tenerse siempre en mente esta idea antes de asumir, casi siempre alegremente —y a menudo sin control adecuado—, el seguimiento de una dieta hipocalórica.
Las dietas para adelgazar son importantes herramientas de salud que mal utilizadas pueden dar al traste con nuestras expectativas infligiendo daños que pueden ser más perniciosos por lo inesperados y, a veces, ocultos.
Como toda herramienta, debe ser utilizada para adelgazar con conocimiento, decisión y seguridad. No valen las medias tintas ni los planteamientos alocados, sólo la seguridad que da el control; el seguimiento y el pleno conocimiento de la situación, única e irrepetible para cada caso.





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