Seguro que te preguntas constantemente como eliminar la grasa corporal o localizada acumulada en la zona abdominal, abdomen o barriga y de perder peso de una vez por todas.

Seguro que estas pensando que siguiendo una buena dieta para eliminar estas grasas es suficiente y que el aspecto de tu cintura cambiará si la sigues con frecuencia.

Pero para eliminar la grasa abdominal hace falta, además, de tu dieta para perder peso, que realices algunos ejercicios específicos ya sean aeróbicos o de abdominales.
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La sabiduría convencional nos dice que el ejercicio es un componente esencial en todo programa de adelgazamiento.

Los descubrimientos de investigaciones recientes indican que, en realidad, esto no es así. Aunque el aumento del nivel de actividad de una persona está destinado a quemar más calorías, el impacto neto sobre un período de adelgazamiento relativamente corto (por lo general, entre 12 y 24 semanas), es pequeño.

No obstante, a la larga, para mantener el nuevo peso el ejercicio físico es un factor sumamente importante.

Por ejemplo, si caminas a paso ligero durante media hora al día, siete días a la semana, quemarás las calorías equivalentes a nueve kilos de grasa al año. Esto quiere decir que en la Primera Fase el ejercicio no es esencial en tu programa de adelgazamiento, pero es importante en la Segunda Fase, en la cual debes mantener tu nuevo peso.

Reconozco que el ejercicio es un tema del que mucha gente no quiere ni oír hablar. No obstante, antes de que te lo saltes del todo, lee lo que sigue. Si todavía no te has convencido de que deberías seguir leyendo, entonces este artículo no es para ti.

El ejercicio asiduo

1. Te ayudará a perder y mantener el peso deseado.

2. Reducirá espectacularmente el riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca, una trombosis, diabetes y osteoporosis.

3. Mejorará tu bienestar mental y aumentará tu autoestima.

4. Te ayudará a dormir mejor.

Los aficionados al sofá que os habéis sentido impulsados a leer hasta aquí por curiosidad, quedaos con nosotros para ver si las siguientes objeciones al ejercicio asiduo os suenan: "Es doloroso", "Es aburrido", “No tengo tiempo". Vamos a ocuparnos de estas tres quejas directamente.

En primer lugar, analicemos la excusa del dolor o la incomodidad. Probablemente se origina en una experiencia en la que te esforzaste demasiado, demasiado pronto.

Las habitaciones de mucha gente están llenas de equipos de entrenamiento comprados en un momento de entusiasmo excesivo, probablemente unido a alguna decisión de Año Nuevo.

Unas semanas más tarde, los músculos doloridos, un trasero con agujetas y unos pulmones ardientes han relegado a la bicicleta estática, o alguna otra máquina exótica, al profundo y oscuro trastero en el que guardamos las cosas que "nos podrían servir en el futuro". ¿Te suena?

Para evitar el dolor, debes empezar poco a poco e ir aumentando gradualmente. Hace diez años, yo solía correr entre cuarenta y cincuenta kilómetros por semana.

Desafortunadamente, tuve un problema discal en la espalda (que no estaba relacionado con el footing) y tardé nueve años en volver a atreverme a salir a correr. Aunque me había mantenido razonablemente en forma durante ese período de nueve años, no podía creer los problemas que me ocasionó el volver a correr.

El primer día salí a la calle entusiasmado con mis nuevas zapatillas para footing. Ochocientos metros más adelante me detuve con una respiración jadeante, los pulmones ardiendo, las rodillas doloridas, los músculos de las pantorrillas acalambrados. Probablemente estarás pensando "se lo tenía merecido", confirmando tu opinión de que el ejercicio es una opción nada grata.

La razón por la que estoy relatando esta historia es porque tuve que aprender de la forma más dura. El footing es un ejercicio maravilloso, pero representa una gran exigencia para el cuerpo, particularmente si tienes más de cuarenta años.

Puesto que yo entraba en esa categoría de edad, tuve que encontrar un ejercicio alternativo que requiriera menos esfuerzo físico y fuera más acorde con las realidades de mi cuerpo.

Decidí empezar a caminar. Prácticamente todo el mundo puede caminar, y si empiezas poco a poco y vas cogiendo fondo, no sentirás dolor.

La segunda objeción al ejercicio para adelgazar es el aburrimiento. Yo soy muy comprensivo con esto. Aunque algunos ejercicios como correr, caminar y montar en bicicleta, al hacerse al aire libre, rara vez resultan aburridos (a menos que no te interese la gente, lo que hace y dónde vive), los inviernos fríos pueden ser un freno.

Los nueve años que pasé haciendo ejercicio en el sótano con mi bicicleta estática y mi máquina de esquí fueron más que un reto, aunque también es cierto que esa no era mi única opción.

Muchas personas prefieren ir a un gimnasio, tanto por la motivación ("He pagado, de modo que tengo que aprovecharlo") como por la interacción social y el ánimo que se dan unos a otros. Hay uno o dos ricachones que tienen un entrenador personal, pero esa es una alternativa poco realista para la mayoría de nosotros.

En lugar de eso, yo elegí el sótano de mi casa, pues no había ningún gimnasio cerca. Mi solución al aburrimiento inherente llegó en la forma de un viejo televisor, que dejaron mis hijos cuando abandonaron el nido y de un antiguo aparato de vídeo de esos que no graban.

Yo grababa en el vídeo-grabador de la familia los programas y las películas que pasaban entre la medianoche y las seis de la mañana, y éstas me proporcionaban el entretenimiento.

Pedaleaba y esquiaba viendo películas de James Bond, programas de "construya su propia cabaña" y documentales submarinos de Jacques Cousteau.

Nunca hubo ni un instante de aburrimiento. De hecho, a veces me quedaba tan absorto en los programas que mi entrenamiento duraba mucho más tiempo del previsto.

Dentro de casa, un poco de ingenio (que podría ser algo tan sencillo como ponerte unos cascos del walkman o un mp3 o ipod), puede ayudar a que los ejercicios sean más interesantes.

La última objeción es la falta de tiempo. En cada semana hay 336 bloques de tiempo de treinta minutos de duración. Toma el dos por ciento, o siete de estos bloques, y utiliza uno cada día. Ese difícilmente podría ser un reparto poco razonable de tu tiempo, especialmente si tienes en cuenta los beneficios: ¡estar más delgado, más fuerte y más sano!

Treinta minutos al día deberían ser tu objetivo, aun que sé que muchos de vosotros, cuando veáis las increíbles mejoras que un compromiso tan modesto de tiempo puede producir, querréis aumentar esta asignación.

En cuanto a la hora del día en que deberías hacer ejercicio, existen dos grupos definidos: las personas que están en su mejor momento a primera hora de la mañana y las que se van calentando durante el día y llegan a su punto más alto al final de la tarde.

Te sugiero encarecidamente que ajustes tu actividad del ejercicio con el grupo al que pertenezcas. En casa, yo soy la persona matinal que no puede imaginar hacer ejercicio al final del día, que es cuando mi fuente se agota.

A mi mujer, por el contrario, le horrorizan las mañanas pero está en pleno funcionamiento cuando llegamos a casa al atardecer. De más está decir que no hacemos ejercicio juntos.

Así que, elige la mejor hora para ti: ya sea saltar de la cama para dar la bienvenida al amanecer o las tensiones acumuladas haciendo ejercicio al final del día. De cualquier modo, el ejercicio será un componente agradable de tu rutina diaria.

Muchas personas descubren que cada vez están más en forma, que duermen mejor, se despiertan sintiéndose más renovadas, y que tardan menos tiempo en salir de la cama.

Esto, por sí solo, te deja más tiempo para hacer ejercicio, lo energía cual hace que restes menos tiempo a tu día.

Espero haberte animado un poco más y que comiences a realizar tus ejercicios para perder peso cuanto antes. Mucha Suerte.