¿Sirven las Dietas Disociadas para Adelgazar?
Fecha: 21/01/08
En las dietas para adelgazar disociadas lo que se busca esencialmente no es limitar el aporte energético al organismo para que éste tenga que echar mano de sus reservas en la tarea continuada de mantener su funcionamiento.
Sino que el objetivo es ocasionar una disrupción de los mecanismos funcionales —tanto de los que tratan de la utilización de substratos como de los de control— que impida un eficaz aprovechamiento de los nutrientes y, con ello, obligue al cuerpo a utilizar sus reservas grasas con el consiguiente adelgazamiento, que también se pretende que no puedan ser utilizadas eficientemente.
Esta disrupción se consigue generalmente con la desasociación —la disociación—de los nutrientes en el tiempo.
Es decir, se trata de ingerir los nutrientes que de modo natural se suelen tomar juntos —para un máximo aprovechamiento— de manera que no se pueda conseguir esta utilización armónica y complementaría. La ingestión conjunta de algunas proteínas deficitarias o de baja calidad biológica trae consigo el efecto de un máximo aprovechamiento de sus aminoácidos esenciales para la síntesis de nueva proteína o para el sostenimiento del recambio proteico, como si el conjunto fuese de una proteína de mejor calidad biológica.
La separación en el tiempo —disociación— de la ingestión de estas proteínas complementarias da al traste con esta posibilidad de aprovechamiento.
De un modo parecido, la disociación de la ingestión de alimentos glucídicos y proteicos, por ejemplo, conduce a un fuerte desaprovechamiento de buena parte de la proteína, que se consume en funciones energéticas sin ser utilizada para sus finalidades eminentemente plásticas.
Las dietas disociadas para adelgazar fuerzan al organismo a modificar constantemente su planteamiento fisiológico y a adaptar y readaptar su maquinaria bioquímica a continuos cambios en la disponibilidad de substratos, lo que comporta una pérdida real de energía y capacidad de aprovechamiento.
Al no poderse utilizar plenamente los nutrientes de la dieta, el resultado es una menor disponibilidad energética, que en muchos casos se compensa en parte con la utilización de las reservas energéticas propias.
El problema principal de las dietas para adelgazar disociadas es que muy a menudo es la proteína propia la que es utilizada de modo más intenso para paliar los déficit relativos de la dieta, aunque éstos sean eminentemente energéticos, pues esta utilización de la proteína deriva esencialmente de la necesidad de mantener los niveles de glucosa circulante cuando el aporte glucídico externo cesa momentáneamente.
En conjunto, haciendo abstracción del tiempo, las dietas disociadas no suelen ser deficitarias ni carecer de algún tipo de alimento, como ocurre con las dietas cetogénicas; aquí los déficit11 son siempre temporales, por lo que la disponibilidad de micro componentes no suele verse excesivamente afectada; la disociación se centra en los macro componentes de la dieta: glúcidos, lípidos y proteínas, y los peligros casi siempre están relacionados con estas últimas.
Las dietas para adelgazar disociadas son a veces difíciles de aceptar porque nuestro propio cuerpo está acostumbrado a la combinación armónica de alimentos en las comidas y porque, en su afán de disociar, muchos promotores de dietas han llegado a postular situaciones realmente absurdas.
Este tipo de dieta tampoco es demasiado efectiva en la remoción de las reservas grasas, por lo que en la actualidad se utilizan muy poco.
Otra cosa son las dietas que además de disociadas tienen algún otro componente de peligrosidad añadida: cetogénicas, deficitarias, etc.
Una consecuencia bastante lógica de dietas que teóricamente sirven para adelgazar, pero que en realidad son simples operaciones especulativas de venta de un producto fraudulento —las dietas no solucionan el problema para el que teóricamente están diseñadas—, con un excelente marketing y fuertes ganancias a corto plazo.
Este tipo de dietas siempre han de ser fáciles de recordar, con una aparente sofisticación o complejidad —que se pretende derivada del cálculo y conocimiento— que obliga a un seguimiento reverencia) de las instrucciones.
Las dietas para adelgazar disociadas actuales han sido definidas prioritariamente por charlatanes y especuladores ya que las dietas iniciales postuladas por médicos y nutriólogos han ido evolucionando hacia otros tipos de dietas más efectivas o seguras o bien han centrado su modo de acción en su cetogenicidad, a pesar de mantener en cierta medida sus características de disociación.
Sino que el objetivo es ocasionar una disrupción de los mecanismos funcionales —tanto de los que tratan de la utilización de substratos como de los de control— que impida un eficaz aprovechamiento de los nutrientes y, con ello, obligue al cuerpo a utilizar sus reservas grasas con el consiguiente adelgazamiento, que también se pretende que no puedan ser utilizadas eficientemente.
Esta disrupción se consigue generalmente con la desasociación —la disociación—de los nutrientes en el tiempo.
Es decir, se trata de ingerir los nutrientes que de modo natural se suelen tomar juntos —para un máximo aprovechamiento— de manera que no se pueda conseguir esta utilización armónica y complementaría. La ingestión conjunta de algunas proteínas deficitarias o de baja calidad biológica trae consigo el efecto de un máximo aprovechamiento de sus aminoácidos esenciales para la síntesis de nueva proteína o para el sostenimiento del recambio proteico, como si el conjunto fuese de una proteína de mejor calidad biológica.
La separación en el tiempo —disociación— de la ingestión de estas proteínas complementarias da al traste con esta posibilidad de aprovechamiento.
De un modo parecido, la disociación de la ingestión de alimentos glucídicos y proteicos, por ejemplo, conduce a un fuerte desaprovechamiento de buena parte de la proteína, que se consume en funciones energéticas sin ser utilizada para sus finalidades eminentemente plásticas.
Las dietas disociadas para adelgazar fuerzan al organismo a modificar constantemente su planteamiento fisiológico y a adaptar y readaptar su maquinaria bioquímica a continuos cambios en la disponibilidad de substratos, lo que comporta una pérdida real de energía y capacidad de aprovechamiento.
Al no poderse utilizar plenamente los nutrientes de la dieta, el resultado es una menor disponibilidad energética, que en muchos casos se compensa en parte con la utilización de las reservas energéticas propias.
El problema principal de las dietas para adelgazar disociadas es que muy a menudo es la proteína propia la que es utilizada de modo más intenso para paliar los déficit relativos de la dieta, aunque éstos sean eminentemente energéticos, pues esta utilización de la proteína deriva esencialmente de la necesidad de mantener los niveles de glucosa circulante cuando el aporte glucídico externo cesa momentáneamente.
En conjunto, haciendo abstracción del tiempo, las dietas disociadas no suelen ser deficitarias ni carecer de algún tipo de alimento, como ocurre con las dietas cetogénicas; aquí los déficit11 son siempre temporales, por lo que la disponibilidad de micro componentes no suele verse excesivamente afectada; la disociación se centra en los macro componentes de la dieta: glúcidos, lípidos y proteínas, y los peligros casi siempre están relacionados con estas últimas.
Las dietas para adelgazar disociadas son a veces difíciles de aceptar porque nuestro propio cuerpo está acostumbrado a la combinación armónica de alimentos en las comidas y porque, en su afán de disociar, muchos promotores de dietas han llegado a postular situaciones realmente absurdas.
Este tipo de dieta tampoco es demasiado efectiva en la remoción de las reservas grasas, por lo que en la actualidad se utilizan muy poco.
Otra cosa son las dietas que además de disociadas tienen algún otro componente de peligrosidad añadida: cetogénicas, deficitarias, etc.
Una consecuencia bastante lógica de dietas que teóricamente sirven para adelgazar, pero que en realidad son simples operaciones especulativas de venta de un producto fraudulento —las dietas no solucionan el problema para el que teóricamente están diseñadas—, con un excelente marketing y fuertes ganancias a corto plazo.
Este tipo de dietas siempre han de ser fáciles de recordar, con una aparente sofisticación o complejidad —que se pretende derivada del cálculo y conocimiento— que obliga a un seguimiento reverencia) de las instrucciones.
Las dietas para adelgazar disociadas actuales han sido definidas prioritariamente por charlatanes y especuladores ya que las dietas iniciales postuladas por médicos y nutriólogos han ido evolucionando hacia otros tipos de dietas más efectivas o seguras o bien han centrado su modo de acción en su cetogenicidad, a pesar de mantener en cierta medida sus características de disociación.
- Dieta de Antoine
Se basa en consumir diversos tipos de alimentos —y sólo alimentos de aquel tipo— en días diferentes de la semana —lunes: verduras; martes: carnes; miércoles: huevos, etc. —, sin mezclas.
Por supuesto, resulta difícil pasarse uno el día comiendo sólo huevos o sólo verduras.
Una dieta así, de diseño disparatado, resulta al final bastante hipocalórica, siendo además algunos días bastante cetogénica. Pueden compararse, por ejemplo, dos días diferentes: el de las verduras y el de los huevos.
En el primero hay un fuerte déficit energético y una ausencia marcada de lípidos y proteína de la dieta; mientras que el día de los huevos hay ausencia de fibra y de glúcidos, aunque un importante aporte energético con un fuerte componente proteico y lipídico.
El intestino debe pasar de la nula digestión de lípidos a una fuerte sobrecarga de éstos; la flora intestinal unos días recibe gran cantidad de fibra y otros sólo limitados residuos proteicos.
Estas variaciones pueden traer serias consecuencias para el funcionamiento global del intestino, la absorción de nutrientes y los hábitos de evacuación. - Dieta para adelgazar del Ejército Israelí
Es una dieta para adelgazar peligrosa que al parecer nada tiene que ver con dicha institución militar, la cual probablemente perdería buena parte de su capacidad operativa si sus integrantes siguiesen estrictamente la citada dieta.
Consiste en sobrevivir durante períodos consecutivos de dos días comiendo sólo el alimento estrella correspondiente: dos días sólo manzanas, dos días sólo queso, dos días ensaladas, dos días carne de ave, etc.
Si ya se producen los efectos perniciosos de la disociación al no mezclar alimentos en las comidas de un mismo día —por ejemplo, almuerzo y cena con diferente composición—, es fácil imaginar el resultado de prolongarlo durante fases de dos días.
A los problemas de la propia disociación hay que añadir los de las dietas monótonas —con su componente deficitario— y el hastío que se puede producir con la dieta repetitiva y monocorde: dos días comiendo sólo manzanas, queso o ensaladas puede ser algo reservado exclusivamente para los que tengan una vena ciertamente masoquista. - Dieta para adelgazar de los Incrementos Desequilibrados
Consiste esencialmente en ingerir en períodos alternativos un determinado alimento —en grandes cantidades, como aporte nutricional esencial— que, sin embargo, es complementado por pequeñas porciones de otro, que precisamente ayuda a contrarrestar los posibles efectos perniciosos del primero.
Entre las parejas propuestas encontramos la de queso y vino o la de pomelo y huevos duros. En este caso, al igual que en el anterior, se trata de una alimentación disociada, generalmente deficitaria, monótona, aburrida y de diseño esencialmente absurdo. - Dieta para perder peso Alternativa, de Boller y Pilgerstorfer
Se trata de una dieta esencialmente proteica, que en períodos de varios días se acompaña bien de lípidos o bien de glúcidos.
En realidad, sería una dieta cetogénica que tendría breves períodos de recuperación entre las series de proteína-lípidos en los que la entrada de glúcidos restauraría la situación de normalidad tras la fase de acidosis.
Una dieta así sería disociada sobre todo porque la utilización de la proteína de la dieta —cuya finalidad es la reposición de los acervos de proteína propios— se vería limitada fundamentalmente a los períodos en que se ingiere además glúcido.




